miércoles, 19 de noviembre de 2008

la humilde flor

Cuando Dios creó el mundo, dio nombre y color a todas las flores.Y sucedió que una florecita pequeña le suplicó repetidamente con voz temblorosa:-¡no me olvides! ¡No me olvides!Como su voz era tan fina, Dios no la oía. Por fin, cuando el Creador hubo terminado su tarea, pudo escuchar aquella vocecilla y se volvió hacia la planta. Mas todos los nombres estaban ya dados. La plantita no cesaba de llorar y el Señor la consoló así:-No tengo nombre para ti, pero te llamarás "Nomeolvides". Y por colores te daré el azul del cielo y el rojo de la sangre. Consolarás a los vivos y acompañaras a los muertos.Así nació el "nomeolvides" o mio-sota, pequeña florecilla de color azul y rojo.